Sin ganas de hablar.

16 enero, 2013 at 11:31

Mi reflexión de hoy. Ayer, mientras esperaba por el turno en el centro médico de candelaria para repetir mis medicamentos ( repetir es ya usual en mi) saludé a un montón de gente de Candelaria que, siempre nos vemos en el centro médico casualmente.
Siempre, en lo que esperas a que la doctora de atienda, en la sala de espera, escuchas conversaciones de el resto de la gente, o te enfrascas tu en las tuyas.
Frente a mi, hablaban de que ya el Real Madrid no alcanzaba al Barcelona ” ni de coña” esa fue la expresión exacta que utilizaron dos señores. En el otro lado, una chica leía mientras esperaba ” cincuenta sombras de Grey” así tal cual. Por otro lado, un joven jugaba con su IPhone a las carreras de coches, un caballero leía el periódico ” el día” justo en la página donde aparecían las candidatas a reina del carnaval, y yo, escribía afanosamente esto que les estoy contando.
Candelaria tiene un centro médico que en las tardes es muy visitado y el centro médico de Candelaria Casco, atiende a los pacientes de todo el municipio a excepción de Igueste y Barranco Hondo. Yo creo que la zona de Las Caletillas y Punta Larga, desde hace años, debería tener un propio centro médico porque la población en la Villa Mariana ha aumentado mucho en la última década.
Esta tarde fue muy tranquila. Cada vez que llega alguien nuevo a la sala de espera todo el mundo mira y me imagino que se preguntarán a que vendrá.
Esta tarde nadie tenía muchas ganas de hablar, todos estaban en su particular mundo esperando pacientemente.
Esta tarde el tiempo de espera en el centro médico se me hizo más largo de lo habitual. Tampoco había mucho que curiosear porque todo estaba como normal, mecánico, en orden.
La doctora se asoma y llama dos veces al que jugaba con el iPhone que de repente salió de su letargo y como ” asustado” dijo: soy yo, soy yo. La doctora ordena quien va detrás de quien y nosotros escuchamos y esperamos pacientemente.
Esta tarde es densa, tranquila, espesa, relajada, nadie tiene ganas de hablar. Sólo esperamos a que nos toque pacientemente.
Yo, me ocupo de escribirles y sé que aunque una tarde no tengamos ganas de hablar, siempre nos queda escuchar que a veces es más interesante.
Y como se que están ahí, nos leemos que es igual que nos escuchamos, y nos escribimos que es igual que hablarnos.
Esta tarde nadie tenía muchas ganas de hablar.

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