Gracias, Ricardo. Por todo. Siempre.
Hoy me cuesta escribir. Han pasado unos días desde que Ricardo se fue, y aún así sigue siendo difícil encontrar las palabras justas para alguien que significó tanto.
Hay personas que pasan por tu vida… y hay otras que se quedan para siempre. Ricardo Melchior era de esos. De los que dejan huella, de los que iluminan, de los que, sin hacer ruido, te enseñan más de lo que uno imagina.
Para mí fue un faro. Lo fue desde aquel 2007 en el que me llamó para invitarme a acompañarlo en su lista electoral. No lo dudé. No podía hacerlo. Porque cuando alguien como Ricardo confiaba en ti, lo mínimo que podías hacer es estar a la altura de su confianza y de nuestra formación política . Y ahí empezó un camino en el que aprendí tanto… del trabajo, de la constancia, de la forma de mirar al futuro sin miedo y a escuchar activamente.
Pero sobre todo, aprendí de su forma de ser.
Porque Ricardo no era solo un gran político. Era una gran persona. Cercano, generoso, siempre con una palabra a tiempo, siempre con esa capacidad de hacerte sentir importante, escuchado. Tenía algo especial, algo difícil de explicar… pero muy fácil de sentir.
Recuerdo tantos momentos… mítines, plazas, encuentros con la gente, reuniones largas de trabajo….. Y siempre lo mismo: el cariño sincero de quienes se acercaban a él. “Don Melchor”, le decían. Y en esas dos palabras había respeto, admiración y, sobre todo, mucho afecto. Porque Ricardo no se imponía, se ganaba a las personas.
La última vez que hablé con él fue apenas unos días antes de su partida. Una conversación sencilla, cotidiana, con él y con Sabela, su compañera , como tantas otras veces . Y ahí estaba, como siempre: amable, atento, cercano. Sin saber que sería la última vez, pero con la tranquilidad de haber compartido un momento más con alguien que siempre sumaba.
En muchos momentos de mi vida, cuando me sentí perdido, encontré en él un refugio. Una palabra, un consejo, una mirada que te volvía a colocar en el camino. Y eso no se olvida. Eso se queda.
Hoy lo que siento es, sobre todo, gratitud. Una gratitud enorme. No sólo mía, también de mi familia. Porque Ricardo fue de esas personas que trascienden lo profesional y se convierten en parte de tu vida.
Se fue alguien irrepetible. Pero su forma de hacer, de tratar a la gente, de creer en lo que hacía… eso permanece. En la isla, en su legado, y en todos los que tuvimos la suerte de compartir camino con él.
Gracias, Ricardo. Por todo. Siempre. Tardé en escribirlo porque me faltaban palabras y aún así , podría estar escribiendo horas. Un abrazo al cielo.








