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Suecia y Madagascar.

14 febrero, 2026 at 11:20

Suecia y Madagascar (escrito en mi blog en abril 2013) (repetition)

Queridos amigos, amigas y confidentes:

Creo firmemente que en la vida, muchas veces, es necesario cerrar etapas para poder avanzar. Hace tiempo leí algo de Paulo Coelho que lo describía a la perfección: “ Hay momentos que deben terminar para que otros puedan comenzar”.

El pasado nos marca con situaciones irremediables que nos ha tocado vivir. Algunas han sido placenteras; otras, amargas; otras, simplemente inimaginables. Pero, en definitiva, de todas hemos aprendido. De cada una guardamos un recuerdo, más grato o menos, que forma parte de quienes somos hoy.

¿Recuerdan aquella revista llamada Pronto? Esa que solía encontrarse en las consultas médicas, a veces un poco desfasada, pero siempre tentadora. Tenía una sección titulada: «¿Qué hubiera sido de mi vida si…?». Narraba historias dramáticas, a veces dantescas, que inevitablemente atrapaban al lector. Y es que todos, en algún momento, nos hemos preguntado cómo habría cambiado nuestra historia si hubiéramos tomado otro camino.

La vida es como un libro repleto de capítulos cuyo número desconocemos. No sabemos cuántos escribiremos ni cuándo llegará el último. Pero sí tenemos la potestad de vivir cada capítulo con intensidad, procurando que todos puedan cerrarse con un esperanzador “continuará”.

El mundo es cambiante. Hoy, más que nunca, vivimos a una velocidad vertiginosa. Por eso creo que debemos escribir cada capítulo de manera intensa y vitalista, llenándolo de buenas historias. También nos tocará escribir páginas tristes —porque forman parte del relato—, pero incluso esas tienen algo que enseñarnos.

A medida que vivimos, adquirimos costumbres distintas según el lugar donde nos haya tocado nacer o residir. Las situaciones pueden ser muy diferentes en Suecia o en Madagascar. Sin embargo, estoy convencido de que, en ambos lugares, las personas se levantan cada día soñando con un mañana mejor, deseando escribir el mejor de los capítulos y ser un poco más felices.

Nacimos sin la posibilidad de elegir entre Suecia o Madagascar. Pero lo verdaderamente importante es que nacimos. Y desde entonces no hemos dejado de escribir historias impresionantes. La vitalidad nos impulsa a seguir adelante. Incluso nuestro cerebro, sabiamente, atenúa los recuerdos más dolorosos; de no ser así, nuestra salud mental se resentiría profundamente.

Aún quedan capítulos por escribir. Historias propias y ajenas en las que seremos protagonistas: a veces de forma directa, otras indirectamente y, en ocasiones, casi por obligación. Pero siempre tendremos la oportunidad de transformar la narrativa, de añadir optimismo y pasión a páginas que quizá no comenzaron bien. Estoy seguro de que así lo hacen tanto en Suecia como en Madagascar.

Y, queridos amigos y amigas, ¿saben qué? Me han entrado unas ganas inmensas de conocer Madagascar. Hace unos años visité una exposición de los maravillosos artistas Tarek Ode y David Olivera sobre ese enigmático país. Madagascar —la cuarta isla más grande del mundo, situada en el océano Índico— es un lugar que despierta la imaginación. Millones de personas escriben allí, cada día, un nuevo capítulo de su vida.

Por ahora me conformaré con volver a ver la entrañable película animada “Madagascar” y con soñar que algún diseñador o creativo del carnaval cree una fantasía titulada «Madagascar». Estoy segura de que podría convertirse en una historia preciosa.

Feliz sábado de carnestolenda amigos y amigas.
Sigamos escribiendo. Siempre

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La Presa de la Encantadora: un encanto de Vallehermoso

5 febrero, 2026 at 19:19

Hoy me llega una noticia que me llena de inmensa alegría: la Presa de la Encantadora, en la Rosa de las Piedras, está casi llena. Ver cómo este espacio para el riego agrícola puede dar vida al barranco del Ingenio hasta la playa de Vallehermoso y más lugares, es un auténtico regalo, sobre todo en uno de los valles más fértiles y bonitos de Canarias.

Recuerdo que hace más de 50 años, siendo niño, subía a escondidas para ver cómo avanzaban las obras de la presa. Dormía con un ligero temor: se decía que, si la presa se reventaba, podría arrasar el pueblo.
Cualquier ruido nocturno me hacía esperar algo, pero al día siguiente volvíamos para asegurarnos de que todo estaba en orden. De niños mirábamos sorprendidos el ir y venir de camiones y maquinarias que jamás habíamos visto.

Cuántas meriendas hemos compartido allí con amigos, ya con muchos años de más en esa zona recreativa llena de sombras y un verde mágico, que parece transportarte a otro mundo. Subiendo caminando por la carretera que nos lleva hasta la ermita del Carmen y pasando por los chapines donde nacieron mi abuela y mi madre, se siente la vida en cada rincón. Ver a los patos o las ocas en el embalse nos recuerda que la naturaleza siempre encuentra su camino.

Además, la presa guarda un pedazo de historia que nos remontan a las culturas guanches, hasta los vestigios del patrimonio local, todo contribuye a la magia de este lugar. Recuerdo con especial cariño aquella vez que la presa se llenó completamente y nos llegaron imágenes de la celebración de una romería marina en las aguas de la Encantadora, llevando hasta barcos al embalse y la Virgen del Carmen que tanto queremos en Vallehermoso. Fue un momento que unió al pueblo y quedó grabado en nuestras memorias.

Hoy, con los valles verdes gracias a la lluvia y la presa rebosante, siento un inmenso deseo de volver. La Presa de la Encantadora no es solo un recurso hídrico: es un símbolo de mi pueblo, un lugar que nos conecta con la naturaleza, la historia y nuestra infancia.

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Cuando entendemos que ya no somos las mismas personas.

28 enero, 2026 at 12:17

Durante mucho tiempo pensé que crecer era tener respuestas claras, saber exactamente a dónde iba y sentirme seguro de cada decisión. Hoy sé que no. Crecer, al menos para mí, fue aprender a convivir con la duda, con la nostalgia y con una versión de mí que ya no existe.

Recuerdo un día aparentemente insignificante. No pasó nada extraordinario, nadie me dijo una frase reveladora, no hubo lágrimas ni despedidas dramáticas. Estaba solo, en silencio, rodeado de mis propias cosas. De esas que se acumulan con los años: recuerdos, objetos, palabras no dichas. Y fue ahí, en ese momento tan cotidiano, cuando algo dentro de mí se movió.

Empecé a encontrar fragmentos de mi pasado: ideas que defendía con fuerza, personas por las que habría dado todo, sueños que en su momento parecían urgentes e indispensables. Esperaba sentir algo intenso, una punzada en el pecho, ese nudo en la garganta que tantas veces había sentido antes. Pero no llegó. En su lugar apareció una calma extraña, casi incómoda.

Al principio me asusté. Pensé que me estaba volviendo indiferente, frío, distante. ¿Cómo podía no doler? ¿Cómo podía mirar atrás sin querer volver? Me quedé un buen rato con esa sensación, tratando de entenderla, hasta que lo comprendí: no era falta de emoción, era transformación.

Había cambiado. Ya no necesitaba aferrarme a lo que fue para sentirme completo. Ya no me definían las mismas heridas, ni las mismas ausencias. Había aprendido —sin darme cuenta— a soltar sin rencor, a aceptar sin reproches, a recordar sin quedarme atrapado.

Ese día entendí que crecer no siempre es ganar cosas nuevas. A veces crecer es perderlas. Perder miedos, perder dependencias, perder la necesidad de explicarlo todo. Crecer es dejar de reaccionar como antes, dejar de cargar culpas que no eran mías, dejar de pedir permiso para sentir.

No fue un proceso rápido ni fácil. Hubo noches de confusión, momentos de soledad, preguntas sin respuesta. Pero también hubo algo hermoso: la sensación de estar volviendo a mí, de estar construyendo una versión más honesta, más consciente, más en paz.

Desde entonces miro mi pasado con respeto, no con añoranza. Agradezco a quien fui, pero no me aferro a esa versión. Porque entendí que no todo lo que se va se pierde, y que muchas veces lo que duele solo está enseñándonos a crecer.

Y quizá eso sea la vida: una constante despedida de quienes fuimos, para darle espacio a quienes estamos aprendiendo a ser.

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Humanismo político para el 2021. Todos podemos construir un mundo mejor.

31 diciembre, 2020 at 6:38

Amigos y amigas.

Hoy termina un año que para muchos es para olvidar y que para todos ha sido de aprendizaje y enormes cambios. De las pocas cosas ciertas que nos deja 2020 es que ya nada volverá a ser igual en nuestras relaciones sociales y en nuestras vidas.

Hemos vivido aterrorizados por los acontecimientos que nos ha tocado sufrir desde mediados  de marzo, con un dramático caos que ha afectado a todo el mundo sin excepción y que a día de hoy todavía no se ha resuelto. Vimos como en los países más desarrollados la COVID-19 causaba estragos y también pudimos presenciar que en países subdesarrollados o en vías de desarrollo ocurría lo mismo en medio de un espantoso mercadeo de mascarillas y respiradores que eran vendidos “al mejor postor” o decomisados en los aeropuertos. También hemos visto como las muertes aumentaban ante terribles miedos, angustias y desesperanzas.

Asistimos a manifestaciones en todo el mundo por la muerte de George Floyd a manos de la policía americana, lo que desató una ola de violencia en todo el planeta; conocimos como incendios devastadores arrasaban parte de Australia o el estado de California; y nos encogimos por la gigantesca explosión en Beirut. También hemos asistido a manifestaciones callejeras por fraudes electorales, destituciones de presidentes como el de Perú y muchos otros acontecimientos que están en la retina y la memoria de todos nosotros -aparte del terrible virus- con mandatarios demagogos y populistas llevando a la población al desfiladero de la muerte.

El mundo se ha globalizado mucho más con la pandemia. Nos importa lo que pueda pasar y lo que nos afecte de alguna manera. Como ejemplo, nos preocupa la división tan enorme en uno de los países más ricos de la tierra, Estados Unidos. La derrota de Trump nos tuvo en vilo unos cuantos días porque cualquier movimiento afectará a todo el planeta.

Y aquí, en nuestro país, seguimos con el ‘conflicto catalán, con un gobierno de coalición ‘preso’ de sus socios ávidos de populismos, demagogias y conflictos, manifestaciones de agricultores reclamando un pago justo, demandas de igualdad real, noticias diarias del Rey emérito, ruedas de prensa anunciando medidas, contagios y número de fallecidos y el acuerdo sobre el Brexit que nos afectará directamente. Todo eso ha desembocado en un caos económico que se está cebando con personas trabajadoras por cuenta propia, pymes y con trabajos que se han vuelto totalmente precarios, desatando una ola de paro y de angustia jamás vivida en este país.

Para el próximo año, viene un flujo de esperanza con la vacuna de la COVID-19, aunque existan por parte de un número importante de lo población serias dudas de su efectividad o de los efectos secundarios. Espero y deseo que sea la gran noticia esperanzadora para 2021.

Y nosotros, desde nuestro ámbito, desde el lugar geográfico donde nos ha tocado vivir, desde el Atlántico medio, debemos luchar siempre por una mayor justicia social, un  planeta más igualitario y porque la salud sea un bien universal. También debemos seguir trabajando por una educación de calidad para generar felicidad y por conseguir una igualdad de género real.

Debemos luchar para tener un trabajo decente y un crecimiento económico que favorezca a la sociedad en su conjunto, por crecer en industria, innovación e infraestructuras y combatir las desigualdades. Hemos iniciado una lucha sin cuartel por la sostenibilidad, por proteger el agua y la vida en los mares y realizar acciones a favor del clima y la protección de los ecosistemas terrestres. También debemos fomentar una producción y un consumo responsable, proteger el agua y apostar por las energías renovables. Finalmente, debemos trabajar para conseguir la paz, que resplandezca la justicia con instituciones sólidas y por establecer las alianzas necesarias para lograr estos Objetivos de Desarrollo Sostenible que he mencionado.

El mundo cambió y estos objetivos deberían ser nuestra guía en 2021. Cada uno de nosotros puede realizar pequeñas acciones para conseguirlo, algo que nos hará más felices con la confianza de que estaremos dejando un planeta más justo para las generaciones venideras. Las instituciones deben potenciar esas acciones a través de políticas para el empleo, el desarrollo y la equidad. Estamos ante un auténtico drama y esos tres aspectos deben ser una prioridad en las que todos estemos unidos.

Muchas personas ‘se han quedado en el camino’ y ahora más que nunca debemos ser resilientes, dialogantes y rebelarnos contra la desidia política, la demagogia, el acomodamiento y la falta de diálogo. La sociedad debe tener ‘los ojos muy abiertos’ ante situaciones que no conlleven el bien común porque nos afecta a todos. Abogo para que en 2021 impere el humanismo político y se tomen decisiones consensuadas porque la crispación siempre ha sido muy mala consejera. Acabo estas líneas con el mejor deseo y la confianza de que lo mejor está por venir.

Les envió mi mejor energía. Feliz año nuevo.

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