Suecia y Madagascar.
Suecia y Madagascar (escrito en mi blog en abril 2013) (repetition)
Queridos amigos, amigas y confidentes:
Creo firmemente que en la vida, muchas veces, es necesario cerrar etapas para poder avanzar. Hace tiempo leí algo de Paulo Coelho que lo describía a la perfección: “ Hay momentos que deben terminar para que otros puedan comenzar”.
El pasado nos marca con situaciones irremediables que nos ha tocado vivir. Algunas han sido placenteras; otras, amargas; otras, simplemente inimaginables. Pero, en definitiva, de todas hemos aprendido. De cada una guardamos un recuerdo, más grato o menos, que forma parte de quienes somos hoy.
¿Recuerdan aquella revista llamada Pronto? Esa que solía encontrarse en las consultas médicas, a veces un poco desfasada, pero siempre tentadora. Tenía una sección titulada: «¿Qué hubiera sido de mi vida si…?». Narraba historias dramáticas, a veces dantescas, que inevitablemente atrapaban al lector. Y es que todos, en algún momento, nos hemos preguntado cómo habría cambiado nuestra historia si hubiéramos tomado otro camino.
La vida es como un libro repleto de capítulos cuyo número desconocemos. No sabemos cuántos escribiremos ni cuándo llegará el último. Pero sí tenemos la potestad de vivir cada capítulo con intensidad, procurando que todos puedan cerrarse con un esperanzador “continuará”.
El mundo es cambiante. Hoy, más que nunca, vivimos a una velocidad vertiginosa. Por eso creo que debemos escribir cada capítulo de manera intensa y vitalista, llenándolo de buenas historias. También nos tocará escribir páginas tristes —porque forman parte del relato—, pero incluso esas tienen algo que enseñarnos.
A medida que vivimos, adquirimos costumbres distintas según el lugar donde nos haya tocado nacer o residir. Las situaciones pueden ser muy diferentes en Suecia o en Madagascar. Sin embargo, estoy convencido de que, en ambos lugares, las personas se levantan cada día soñando con un mañana mejor, deseando escribir el mejor de los capítulos y ser un poco más felices.
Nacimos sin la posibilidad de elegir entre Suecia o Madagascar. Pero lo verdaderamente importante es que nacimos. Y desde entonces no hemos dejado de escribir historias impresionantes. La vitalidad nos impulsa a seguir adelante. Incluso nuestro cerebro, sabiamente, atenúa los recuerdos más dolorosos; de no ser así, nuestra salud mental se resentiría profundamente.
Aún quedan capítulos por escribir. Historias propias y ajenas en las que seremos protagonistas: a veces de forma directa, otras indirectamente y, en ocasiones, casi por obligación. Pero siempre tendremos la oportunidad de transformar la narrativa, de añadir optimismo y pasión a páginas que quizá no comenzaron bien. Estoy seguro de que así lo hacen tanto en Suecia como en Madagascar.
Y, queridos amigos y amigas, ¿saben qué? Me han entrado unas ganas inmensas de conocer Madagascar. Hace unos años visité una exposición de los maravillosos artistas Tarek Ode y David Olivera sobre ese enigmático país. Madagascar —la cuarta isla más grande del mundo, situada en el océano Índico— es un lugar que despierta la imaginación. Millones de personas escriben allí, cada día, un nuevo capítulo de su vida.
Por ahora me conformaré con volver a ver la entrañable película animada “Madagascar” y con soñar que algún diseñador o creativo del carnaval cree una fantasía titulada «Madagascar». Estoy segura de que podría convertirse en una historia preciosa.
Feliz sábado de carnestolenda amigos y amigas.
Sigamos escribiendo. Siempre








