Mi gran pesadilla de anoche.

19 Junio, 2014 at 12:07

LA GRAN PESADILLA.
Fue anoche en la madrugada. Hacía tiempo que no tenía pesadillas pero anoche volví a tenerlas . Creo que es que comí demasiado por la ansiedad del partido épico y cruel de España/Chile y de ahí, quizá llegó esta enorme pesadilla a mis sueños.
Justo cuando terminó el partido de la derrota me dejé dormir con ese sopor que ya está haciendo en Candelaria y que anuncia la inminente llegada del verano. De repente aparecen en mis sueños seis personas que se llamaban: Neymar, Hulk, David Luis, Dani Alves, Julio Cesar y Marcelo. Destacaba la mesa de un restaurante caro de rio de Janeiro y los tatuajes de algunos de estos brasileños que brillaban al trasluz de una lámpara falsa de “art decó”.
Pronto descubrí que eran jugadores de la selección brasileña y en mis sueños me escondí justo debajo de la mesa para no ser descubierto pero había una bolsa con objetos raros y yo la abrí para analizar que había. Siempre he sido muy curioso.
La sorpresa fue mayúscula. La bolsa contenía camisetas de la selección española, una estrella, fotos recortadas de todos los jugadores (la foto mas grande era la de Casillas) frascos con líquidos y brebajes, yerbas raras, pimienta negra, nuez moscada, unas colonias y perfumes comprados en tiendas de santería que decían por fuera palabras en portugués pero que no se leían bien porque el alcohol había borrado las etiquetas. “Aquella bolsa me puso en guardia”.
Los jugadores Brasileños se levantaron sigilosamente y se colocaron en el baño del estacionamiento del restaurante pelucas y enormes gafas de sol y marcharon en dos coches de alta gama. Yo tomé un taxi que conducía el padre del niño brasileño del anuncio del mundial de Telecinco y le dije de manera autoritaria: “siga a esos coches y no los pierda de vista”.
Cuando me vine a dar cuenta, estaba subiendo por las enormes escaleras de una favela de Rio que después averigüé que se llamaba “ Rocinha”. Se escuchaban, a través de las ventanas de las casas apiñadas, la música de Ivete Sangalo, sambas de enredo y a un locutor brasileño que narraba un partido a todo volumen. En los escalones, algunos “ mozalbetes” de Rio discutían sobre las técnicas de Scolari. Yo los podía ver pero ellos a mi no.
Los seis disfrazados Llegaron a la casa de una chamana de la religión Yoruba llamad “ Simone “y que era nativa de Salvador de Bahía. Una mujer de color absolutamente inmensa y toda vestida de blanco con muchísimos collares que esperaba en una chabola de madera totalmente oscura y con velas de todos los colores en medio de un altar con una decena de santos y lleno de flores blancas y amarillas.
Estas seis personas le hablaron a Simone y le entregaron la bolsa. Simone empezó con una ceremonia cargada de histrionismo y que se quedaba con los ojos en blanco. Bebía y escupía ron encima de las velas que hacía que las llamas se avivaran creando un ambiente “ fantasmagórico” . Hulk sudaba copiosamente, Marcelo miraba al cielo y a Neymar le dio una especie de mareo por el calor reinante en aquel espacio.
En el sueño vi como “ Simone” amarraba los pies de los jugadores de nuestra selección . Con palos de helados tipo “mulato” fabricó unas porterías que las alejó de todos los futbolistas de nuestro equipo y puso un camino lleno de piedras en todo el campo, quemó unas yerbas que llevaba Julio Cesar y de repente se llenó todo de humo con un olor parecido al romero.
Cuando terminó la ceremonia, los jugadores salieron de dos en dos y de manera veloz escaleras abajo. Yo intenté en mi pesadilla desatar los pies de los futbolistas de nuestra selección pero Simone se dio cuenta y me sacó de la favela lanzándome agua caliente y cubos de frijoles negros que, según ella, estaban hechizados.
Fue en ese momento cuando me desperté de un enorme salto que terminé incorporado en la cama. Fui a la cocina y me bebí casi un litro de agua. Miré el reloj de pared que está en el comedor y marcaba las tres y diez de la madrugada y comprobé que me encontraba en Candelaria, en el paralelo 28.
Cuando me asomé a la ventana, estaba todo en silencio y corría una ligera brisa. Oí un ruido que me sobresaltó pero era simplemente un aguacate que se había caído del árbol.
Tardé una hora más en acostarme, porque inmediatamente saqué mi IPad para escribir mi gran pesadilla antes de que se me olvidase algún detalle.
Menos mal que fue una pesadilla queridos amigos y amigas.

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