Cuando un amigo se va.

26 Marzo, 2013 at 7:35

Mi reflexión de hoy. Cuando un amigo se va, cuando abandona este planeta para elevarse al infinito nos deja una gran tristeza, desasosiego, intranquilidad, angustia. Es normal de que sintamos esas sensaciones de quedarnos como mirando hacia la nada, como sin palabras, como si nos faltara el aliento. Pero nos deja muchísimo más. Infinitamente más.
Cuando un amigo se va vienen los recuerdos, las vivencias, las nostalgias, viene a la mente todo lo vivido. De repente te sientas y es como si visionarias una película porque empiezas a recordar los grandes momentos vividos que casi no tienen fin.
Cuando un amigo se va te preguntas si realmente hiciste todo lo que tenías que hacer por él. Si estuviste en sus peores momentos todo el tiempo que debiste haber estado, si hiciste la llamada acertada en el momento exacto. Nunca hacemos lo suficiente por un amigo. Pero siempre existe la comprensión de quien te profesó una verdadera amistad.
Cuando un amigo se va quedan las enseñanzas que quizá, antes de irse no éramos capaces de ver, queda ese aprendizaje que has tenido en su presencia y que ahora lo multiplicas en su ausencia.
Cuando un amigo se va queda la fe. La fe de que sabes o intuyes que va a estar, hasta que te toque emprender a ti el viaje hacia el infinito muy cerca de ti. Que va a estar en tus buenos y malos momentos. Queda la fe de que, aunque no lo veamos, está. Está en otra dimensión pero se sigue riendo contigo, se sigue ilusionando con tus proyectos y te sigue dando ánimos para seguir adelante. Queda la fe y yo la tengo.
Cuando un amigo se va se adelanta a prepararte el camino de la infinidad. Se va porque el camino es largo y no quiere que cuando te toque viajar a ti tengas ningún imprevisto.
Cuando un amigo se va quedan sus recuerdos vivos. Quedan las experiencias vividas que nadie te las podrá arrebatar, queda la sonrisa franca y sincera que, si cierras los ojos y piensas, la veras en todo su esplendor.
Cuando un amigo se va queda el agradecimiento. El agradecimiento de haberte impulsado, de haberte cuidado, de haberte protegido, de haberte entregado lo más preciado que podemos tener en la vida: la amistad.
Cuando un amigo se va queda el silencio para poder escuchar mejor, queda La Paz para poder navegar mejor en las turbulencias, queda el afecto que es un sentimiento imborrable y recordado.
Cuando un amigo se va queda la nostalgia, la pureza, quedan los recuerdos, queda el apego, queda la bondad, queda el desprendimiento, queda la lealtad a la amistad que siempre te enseñó y practicó.
Cuando un amigo se va siguen los sentidos diálogos de él, pero sin él, pero como si estuviera él.
Cuando un amigo se va te queda la enorme satisfacción de que el destino te lo cruzó un día en tu camino y te enseñó a caminar, a avanzar a fortalecerte, a creer en ti, a entregar.
Cuando un amigo se va vuela hacia una estrella.
Cuando un amigo se va queda en tu corazón la esperanza de que lo volverás a ver cuando el destino nuevamente tenga a bien actuar y unirnos.
Cuando un amigo se va queda una tristeza en el alma pero también queda el agradecimiento de las vivencias.
Cuando un amigo se va queda dar las infinitas gracias por haber existido, por habernos dejado ser protagonistas de su vida, y por habernos abierto su amistad de par en par.
Cuando un amigo se va, te llega al alma un sabor a tristeza.
Hasta siempre amigo.

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