Los patios de mi pueblo.

10 enero, 2016 at 8:57

Hace ya semanas, en la Feria Regional de Artesanía me encontré con mis primas y amigas de la infancia de Vallehermoso y mi mente me llevó nuevamente a mi pueblo y a recordar algo que casi todas las casas de la Gomera poseían pero que no valorábamos en su justa medida: “ -El Patio-» El patio de las casas era fundamental para la vida. El patio de mi casa estaba lleno de macetas con begoñas, flores de mundo, azucenas cuando era la época, claveles, geranios y algunas flores que no recuerdo su nombre ahora. Mi madre y mi abuela cuidaban del patio con especial mimo. Mi abuela todos los días y mi madre los sábados y los domingos. En el patio, y con olor a café y alguna “ galleta Gomera”, cuando hacia buen tiempo, se escuchaba la novela radiofónica –simplemente maria- y nosotros sabíamos que ese era el tiempo de mi abuela con las vecinas y que era totalmente sagrado. En ese momento, el patio les pertenecía. 

Mi abuela tenía un pequeño banco en el patio y se leían las cartas que venían de Venezuela, se compartían las noticias y se miraba al horizonte. En los patios, siempre había una “rendija” entre las macetas por el donde podías mirar sin que te vieran. En los patios de la Gomera siempre había flores y un gato que pasaba de patio a patio porque los gatos no tienen fronteras.

Cada patio era particular, como si una energía positiva lo invadiera. Por ejemplo, recuerdo tres patios familiares y los tres totalmente distintos. Uno tenía un parral y un zaguán, el otro tenía una vista a estanques y plataneras y en la noche podías escuchar el croar de las ranas hasta quedarte dormido y por último el patio de los Chapines era un patio comunitario. Bueno, más que un patio era la misma calle. También la azotea servía de patio y si no, sacabas las sillas a la calle y ya era un patio. Ese, el de la calle, también era un viradero de camiones o servía para hacer el descanso a la virgen del Carmen cuando bajaba, cada cinco años, al pueblo en las Fiestas Lustrales.

Lo que más me encantaba de los patios eran los » juegos de tarde», donde inventábamos misas, procesiones, hacíamos de cocineros, construimos juguetes con la imaginación, soñábamos, viajábamos, hablábamos. Mis primas llegaron de Venezuela y el patio del Valle Abajo se revolucionó con su llegada. Mis tías trajeron revistas con patrones para coser y las mirábamos como un tesoro inmenso. La fama de las revistas llegó hasta la modista más importante del pueblo que le pidió s mi madre que se las llevara para » ojearlas». Como así lo hizo y de donde salieron patrones y vestidos que mis hermanas lucieron algún Domingo de misa. El patio de la modista era de los más bonitos del pueblo y mi madre intercambiaba plantones de plantas y otras que » pegaban» de tallo como los geranios. 

Cada patio tiene anécdotas , cada pueblo de Canarias tiene cientos de patios y miles de historias que contar, que escribir y que transmitir.

Mis padres enamoraban en un patio de los Chapines en Vallehermoso. Los patios y las promesas de amor están íntimamente ligados. Feliz domingo amigos y amigas.

 

 

  

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