Milagros casi muere.

25 noviembre, 2014 at 10:25

Todo empezó con una mirada de desprecio y una frase : ” mira que eres inútil, no sirves para nada, no se como pudiste parir” ahí realmente empezó todo. Ella escuchó horrorizada la frase.
A Milagros se le cayó el mundo encima cuando miró a la cuna donde dormía Andrés que apenas tenía un año.
Milagros esa noche no pudo dormir mientras se preguntaba que podía estar haciendo mal para que Ruben, su marido, le tratase de aquella manera tan despectiva.
Al siguiente día, Rubén le pidió disculpas y le dijo que había tenido un mal día en el trabajo, ella lo perdonó e incluso se sintió feliz.
No pasaron muchos días cuando se desató el primer episodio de violencia. Justo al año de casados. Milagros recogió a Andres en la guardería, pasó por el supermercado a comprar algo para la cena y mientras caminaba a su casa pensó en que ya nada era igual a los sueños vividos e imaginados hace apenas dos años cuando todo era amor eterno.
Esa noche, Rubén inició una discusión por el sencillo hecho de la cena. Milagros le dijo que ya la cena estaba fría por su tardanza y él montó en cólera. Tiró el plato contra la nevera y se fue hacia ella abofeteandola hasta que la sangre le salió por la comisura de los labios. Ella aguantó con total resignación mientras Andres lloraba desconsoladamente.
De ahí siguieron los reproches, las malas miradas, los insultos, los golpes, los empujones hasta que una noche……,
Una noche Ruben cogió el Mobil de Milagros y leyó un mensaje de un compañero de trabajo de su compañera que decía ” desde luego ya ni me contestas mi cariño”. El amigo de trabajo de milagros era gay, Gerardo, y se hablaban con esa especial complicidad.
Rubén se transformó. La paliza fue enorme. La arrastró por toda la casa. El pelo se quedaba en sus manos. Ella suplicaba que le dejara explicar y él más se enfurecía.
Milagros fue internada con costillas fracturadas, el tabique de la nariz partido y una retina del ojo desprendida.
Andrés dormía.
Cuando Rubén volvió en sí y vio a Milagros en un charco de sangre desordenó toda la casa y llamó a la policía diciendo que habían entrado en su casa a robar.
Milagros estuvo ocho días hospitalizada mientras que su madre se hacía cargo de Andrés.
Milagros, en ese tiempo de convalecencia, y recibiendo incluso algún que otro ramo de flores de su ” marido ” decidió denunciar porque pensó que la próxima no lo contaría y tenía que sacar un hijo adelante.
Cuando le dieron el alta, Milagros fue a casa de sus padres y entre lágrimas, entre sollozos contó el calvario por el que estaba pasando.
Presentaron la denuncia y Milagros se sentía que ” algo había hecho mal “. Rubén fue detenido por intento de homicidio y el caso se conoció en sus respectivas familias, amigos, entorno.
Esta historia pudo haber sido mucho peor. La familia de Milagros y la comprensión de su familia fue vital para poder salvarse de ese infierno que es la violencia machista.
Hoy Milagros vive en Londres, trabaja en una agencia de colocación y con su nueva pareja que la respeta, la valora y la quiere, tanto a ella como a su hijo Andres. Su nueva pareja es auxiliar de vuelo de una conocida línea aérea.
De Rubén, Más nunca supe nada ni me interesa saber.
Jamás permitas un insulto despreciable. Esa es el primer síntoma de esta lacra.
A todas las mujeres que sufren maltrato por violencia de género no están solas. Como Milagros, hay que denunciar antes de que sea tarde.
Mi abrazo solidario. No están solas.

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Housef nunca conoció a Leo Messi

22 noviembre, 2014 at 8:28

La historia comenzó hace veinte años en una aldea cerca de Dakar. Housef se llamaba El Niño vivaracho que corría y jugaba por las calles polvorientas de la aldea. Elaboraban balones con hojas de maíz que amarraban con una fibra vegetal de cocoteros y con ello ” fabricaban” unas pelotas entre redondas y cuadradas que servían para pasar las tardes hasta que caía el inclemente sol y aparecía la fulgurosa luna entre los árboles de caucho y las palmeras que tocaban el cielo.
La aldea quedaba cerca del mar. Muchas tardes, Housef caminaba hasta la arena de esa inmensa playa para ver, junto a sus amigos, el trasiego de los pescadores que preparaban todos los aparejos de pesca para salir al siguiente día, de madrugada, a buscar el sustento.
La madre de Housef, algunos días lo enviaba a intercambiar pescado por los productos de la tierra que sembraban y cosechaban en los pequeños huertos de la aldea. Mijo, yuca, ñame, piñas, plátanos y otros. Housef cantaba canciones europeas que escuchaban en un aparato de radio de un misionero que moraba en la aldea. Housef se las aprendía de escucharlas sólo una vez.
Y la vida pasaba con una tranquilidad agobiante en este poblado africano. La playa, las clases con el misionero, y las largas tardes jugando al fútbol con las pelotas artesanales que no eran ni redondas ni cuadradas.
Una tarde, apareció en la aldea otro misionero que venía a ayudar al único religioso que llevaba años en el poblado y que ya era un poco mayor. Un misionero joven, deportista y que entre sus implementos de equipaje traía tres balones de fútbol.
Esos tres balones de fútbol cambiaron totalmente la vida de la aldea. Los esféricos se convirtieron en el tesoro más preciado que se cuidaba con el más absoluto mimo y esmero. La casa de adobe de los religiosos guardaban los balones y los jóvenes miraban y vigilaban las pelotas como si en un momento determinado se desencadenara una guerra con la aldea vecina y luchasen por llevarse el gran botín que era nada más y nada menos que “tres balones de fútbol”.
Pero Housef creció y ya con 16 años sus sueños cambiaron.
Ahora Housef miraba el mar con otros ojos, con otro deseo, con otra pasión. Housef quería emigrar para poder mandar a su aldea un balón para cada uno de los niños. Quería llegar a España y ser como Messi, como Iniesta o como Ronaldo.
Y Housef se embarcó una noche como se embarcan miles de jóvenes llenos de ilusión y de sueños. Su familia estuvo un año trabajando para poder pagarle el trayecto y su hermano Houne que ya estaba en Europa le ayudó para pagar ese incierto viaje a lo desconocido.
El primer día avanzaron rumbo norte. Housef pensaba en balones, en campos verdes, en porterías, en sus amigos.
El segundo día el mar se volvió salvaje de manera repentina. Housef entre sus miedos se aferraba con el pensamiento a los balones del religioso y a los que había construido con sus propias manos que eran medio cuadrados y medio redondos.
No hubo tercer día.
Nunca más se supo de Housef y ahora, en el fondo del océano se encuentran los sueños, las ilusiones y un balón realizado con hojas de maíz y que Housef llevó consigo para que le sirviera de almohada en el trayecto a España donde, seguramente, conocería a Leo Messi.
Este post se lo dedico a los miles y miles de jóvenes que sueñan y que tienen la capacidad de “ilusionarse con hojas de maíz”. Muchas veces los sueños se desvanecen en el mar.

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La radio nunca morirá

16 noviembre, 2014 at 12:54

Ayer se cumplían noventa años desde la primera edición de la radio en España. Yo me enteré porque leí un mensaje del Presidente del Cabildo Carlos Alonso, quien felicitaba a todas las personas que están en el mundo radiofónico en su cuenta de Twitter.
Me hizo reflexionar de lo que ha significado la radio en mi vida y de los recuerdos que me vienen a la mente o de otros que han contado en mi familia.
El primer recuerdo que me viene es el secuestro del trasatlántico ” Santa María” allá por el año 1961 y donde yo estaba a punto de nacer. Me viene el recuerdo porque mi abuelo Antonio, el Padre de mi padre, viajaba en ese barco. Siguieron los años y rememoro la conversación donde decían mis familiares que se enteraban de las noticias a través del único aparato de radio que había en la ” sindical” de Vallehermoso. Ahí se apelotonaban para escuchar las noticias que llegaban desde Brasil y donde el malvado ” Galvao” narraba sus exigencias. Mi abuelo llegó a Brasil y estuvo acogido en un seminario. De todo se enteraban por la radio.
Recuerdo el olor a café y galletas gomeras a eso de las tres y algo de la tarde cuando se reunían en el patio de mi casa las vecinas y las mujeres de mi familia para escuchar los capítulos de la radionovela ” simplemente Maria” . Los personajes llegaron a ser tan comunes que, entre potajes y tareas del hogar, siempre había tiempo para hablar de la pobre sirvienta. A mi me permitían escuchar la radionovela y mi abuela siempre dejaba un ” fizco” de café en la tasa para que yo me lo tomara. Mi hermano a esa hora se iba a jugar al fútbol con Julio Cordovez.
Cuando vine a La Laguna, un tío mío ya desaparecido me regaló un pequeño transistor azul de pilas y muy muy bajito ,cuando nos mandaban ya a dormir, me ponía el aparato en la oreja para escuchar canciones de Antonio Aguilar, Raphael y otros. Era un programa que se llamaba: ” la Ronda” y donde los enamorados y emigrantes se dedicaban canciones por la radio. Nunca he confesado que, como otros compañeros también tenían transistores ( estábamos internos en el seminario) cuando se me acababan las pilas, muchas veces se las cambiaba por la de ellos sin que se dieran cuenta. Siempre tuve esas picardías. Una vez me dijo uno compañero de la Gomera que estaba en el seminario conmigo : ” que raro a tu transistor nunca se le acaban las pilas” .
Ya en Venezuela también la radio fue mi fiel compañera en las largas noches donde trabajaba de seis de la tarde a seis de la mañana en empresas de mi familia. !!!Que increíble que con 15 años pudiese trabajar 12 horas!!! Yo ponía la radio para oír Música. A través de la radio conocí los boleros, los tangos de Gardel, los pasajes llaneros que siempre ponían de madrugada. ” llanero que amaneces pasillaneando pasillaneando ” decía una canción. Yo tenía una libreta donde escribía las letras poco a poco y compraba también cancioneros en el centro de Caracas para aprendérmelas y que me sirviese de entretenimiento.
Radio Rumbos, retransmitiendo desde Caracas / Venezuela, patria del libertador Simon Bolivar para todo el mundo. Decía una voz engolada y majestuosa que a mi me hacia temblar. Me hice amigo una vez de una señora que hacia radio y se llamaba Isa Dobles. También Rafael Fuentes, un señor de apellido Cejas, Joe Márquez y tantos más, pero……hace ya tanto tiempo que a muchos ya no los recuerdo o quizá los recuerde vagamente.
Cuando volví a Tenerife en el año 1989 ya la radio aquí había cambiado. Quizá habían más emisoras y más temáticas. He colaborado en varios programas y la radio es mágica, histórica, sublime, compañera, auténtica. LA RADIO NUNCA MORIRÁ.
Admiro el sacrificio de tantas personas que trabajan en la radio, muchas de ellas amigas. A pesar de los pesares, la ilusión, el sacrificio, las ganas, el apego, la noticia, la información y la esperanza jamás la pierden. Para todo ellos mi mayor abrazo y el deseo de que la radio siga acompañándonos hasta que ya no percibamos los decibelios. En muchas noches de insomnio ha sido mi más fiel compañera aunque ahora la escuché desde un IPad. Pero sigue siendo RADIO.
Siempre me acuerdo de una canción que promocionaba una emisora de radio en La octava isla y que decía: ” Noti-rumbos Noti-rumbos, el periódico impreso en la radio. La mejor información nacional e internacional, la emisora de Venezuela”. Cuantos recuerdos.
Que sean felices amigos y amigas.

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