Gracias, Gabriel García Márquez

18 abril, 2014 at 9:38

Queridos amigos y amigas. Hoy si escribiré nuevamente un post en mi blog porque me siento en la obligación de hacerlo y de rendir un humilde homenaje a alguien que marcó mi vida en mi época de emigrante y de adolescente.
El primer libro de él me lo recomendó el dueño de una librería en Venezuela, la librería se llamaba ” kuaimare” allá por los años 80. Yo trabajaba de noche en los restaurantes del Aeropuerto que llevaba un tío mío y ahí fue donde me aficioné a la lectura. Me ” prestó” ” la hojarasca”, y en dos noches me lo leí, después vendría ” los funerales de Mamá Grande” y de repente me vi leyendo sin parar y siempre me prestaban libros de Uslar Pietri, Otero Silva y de él. También me dejaban libros ” revolucionarios” porque la librería tenía esa connotación de izquierdas y los libros eran muy elegidos. En la Caracas de los ochenta se puso de moda la literatura izquierdista y revolucionaria. A veces pienso que fue la semilla de sería esta revolución surrealista que se llevó a cabo años después en tierras venezolanas.
Seguí leyendo sus libros en los años posteriores: “cien años de soledad”, ” el coronel no tiene quien le escriba”, ” relato de un naufrago”, “memoria de mis prostitutas tristes”.Después vendrían otros como ” el amor en los tiempos de cólera” etc.
Sus personajes se anidaban en mi. El que más me cautivó fue José Arcadio Buendía. Otros también. En definitiva todos.
La mujer del coronel tuvo esa mágica influencia también y con sus personajes me sucedía que desde el primer momento le ponía caras, rostros, arrugas, color de piel, como olían, sonido de su voz.
Años más tarde, cuando trabajaba en el Gobierno de Canarias y en un viaje institucional a Cuba con el recordado presidente Adan Martín, fuimos a comer a un restaurante en la zona habanera de Miramar llamado ” el Aljibe” y allí estaba él. El primero que se dio cuenta fui yo y no se me ocurrió otra cosa que decir: ” yo creo que ese señor es Canario”, ” yo lo he visto en otro sitio”. Inmediatamente Dulce Xerax Pérez me miró y me dice: Efrain, “pero si es Garcia Márquez”. Yo lo miraba de reojo y no daba crédito que aquel señor que tantas noches de compañía me había dado con sus libros me lo fuese a ver en la mesa de al lado en La Habana unos veinte años después.
Hablamos, mejor dicho, hablo el recordado Adan con él un corto tiempo pero que a mi me pareció un siglo. Nosotros escuchamos atentamente. Ahí llegó la invitación a Canarias que nunca se produjo y me sorprendió el conocimiento que tenía de nuestras islas.
Precisamente ayer, jueves santo, me dio por ordenar cosas en mi casa, y ordenando libros cayó nuevamente en mis manos ” el amor en los tiempos de cólera”. Y lo separé para volverlo a leer después de terminar un libro que estoy leyendo y que me prestó mi amigo Ibrahim López que comparte conmigo la afición a la lectura.
En plena procesión de la Macarena de Santa Cruz de Tenerife me enteré de que se había ido con José Aureliano Buendía y con todos sus personajes literarios pero que él tenía la virtud de ponerles un soplo de vida.
Y seguí procesionando en una larga procesión que duró casi cinco horas y donde yo intentaba trasladarme a Macondo, a sus caminos polvorientos, a recordar pasajes de este libro, en definitiva, a volar.
Gracias Gabo por todas esas noches de fábula, de leyendas, de insomnio, de compañía cuando apenas era un adolescente. Gracias porque me diste el hábito de la lectura cuando era un emigrante. Gracias por hacerme tanta compañía, gracias porque tus personajes hicieron que supiese apreciar la soledad, gracias por aquella fugaz conversación donde solamente escuché y sońé Mientras tu hablabas con el amigo Adán y con el resto de las personas que allí estaban.
Gracias por llevarme a un mundo de Fábula, gracias por tu realismo mágico, gracias, en definitiva, por tu compañía.
De tus premios no voy a hablar porque para lo que te importaban es mejor no relatarlos.
Hasta siempre Gabriel. Y seguramente tus gallos estarán preparados para otra pelea, seguramente la mujer del coronel terminará vendiendo el gallo aunque eso al coronel le cueste la vida.

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