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El collar mágico de Yousaf ( ampliado)

19 octubre, 2019 at 9:01

0El collar mágico de Yousaf

Me lo contaron en Estambul. Silvie era una francesa de 32 años que llegó a la increíble ciudad de Estambul una mañana de primavera. Una época en la que esta inigualable metrópoli huele a flor recién cortada mezclada con almizcles, jabón perfumado de anís, té de manzana y miel de la Capadocia.

Él era de la zona turca del Kurdistán ( en Estambul viven millones de Kurdos), Tenía 37 años recién cumplidos, aunque los surcos en su cara le hacían aparentar algunos más. Su nombre era Yousaf, y con mucho esfuerzo regentaba varias tiendas de bisuterías, piedras semipreciosas, sólo piedras, collares, colgantes, broches, bronce, cobre, artículos de anticuario…., una especie de quincalla de abalorios quizá sobrevalorados pero que, si realmente crees que el valor es el que negocias, lo conviertes en realidad.

Silvie, desde luego, no era ajena a estos complementos y podía pasar horas observando los escaparates y preguntando mil cuestiones sobre un sólo collar, como de hecho sucedió. La joven francesa trabajaba en una editorial en la ciudad de Dijón, una región famosa por su mostaza, los viñedos de Borgoña y sus campanarios. Ella se había tomado un año sabático y su aventura finalizaba en el “cuerno de oro” después de haber estado en medio mundo.

Y se produjo el encuentro y llegó la magia. Ella miraba el escaparate por quinta vez -en esta ocasión se resguardaba de una pertinaz lluvia- cuando, de repente vio que alguien le pedía permiso para colocarle en el cuello y de manera muy delicada un collar. Era Yousaf que, con una sonrisa absolutamente cautivadora, le dijo: “Llevo días observando que usted siempre se detiene ante este collar, así que es suyo”. Silvie no quería aceptar el obsequio pero, ante la insistencia de Yousaf y en medio de cientos de personas que desfilaban por el gran bazar, no pudo hacer más nada que asentir y tomarlo.

Tras esta escena a Silvie le empezó a suceder algo extraño. Salía del coqueto hotel boutique en el que se alojaba por El Barrio de Sultanahmet , en una calle apartada pero a la par que céntrica, y, aunque se dirigía a la Mezquita Azul, sus pies y su mente la llevaban al escaparate de Yousaf. Cualquier destino que ya pretendiera hacer en Estambul, la conducía al escaparate de aquellas famosas tiendas kurdas y afganas que están en este lugar tan mágico donde miles de ellas te embrujan con el color y el ruido que se convierte en arrullo. Era como un “encantamiento”, como si se hubiesen adueñado de su voluntad.

Silvie se marchó de Estambul decidida a olvidar a aquel kurdo que, sin saber por qué, siempre lo tenía en su mente desde que le puso el collar de piedras semipreciosas incrustadas en bronce antiguo. Incluso, llegó a plantearse arrojar el collar al río Ouche, que pasa por Dijón, pero no fue capaz.

Estando en Francia, le mandó un email a Yousaf disculpándose porque no se había podido despedir y relatando una serie de historias rocambolescas que sacaban una sonrisa a Yousaf cuando las leía. Lo hacía, sabedor de que Silvie no lo podría olvidar tan fácil. Feliz de sentir que había llamado la atención de esa mujer por la que llevaba esperando desde hacía años.

Sucedió un mes después. Yousaf, que tenía visado para la Unión Europea, decidió conocer Dijon y se interesó por una editorial de una revista de moda editada allí y que en su última edición había hecho un amplio reportaje sobre los collares kurdos que se venden en el gran bazar de Estambul y donde aparecía, de manera especial, una de sus tiendas y un collar particular.

Cuando Silvie entró en la sala de prensa de la editorial, empezaron a temblarle las piernas, y un sudor frio le recorrió todo el cuerpo. El corazón le empezó a latir en los dientes. Yousaf, con firmeza, sentenció: “Sabía que llevarías puesto el collar”. Ella, simplemente, sonrío.

Esta historia es mucho más larga porque Emin tardó más de tres horas en contármela cuando la puesta del sol invernal se reflejaba en el Bósforo, pero resumiendo, Yousaf y Silvie contrajeron matrimonio por el rito católico y musulmán. Tienen dos hijos. Silvie regenta una tienda de abalorios, collares, broches y colgantes que vende, tanto en su tienda como a través de una plataforma de comercio electrónico . Sus artículos son la delicia de miles y miles de mujeres europeas que le compran todo a Silvie. Yousaf es inmensamente feliz viviendo con ella, a caballo entre Estambul, la ciudad Kurda de Nazilli en Anatolia Oriental y Francia.

Me contaron esa tarde que fue su madre quien le dijo a Yousaf que pusiese el collar en el escaparate, y cuando una mujer se detuviese más de tres veces a observarlo con detenimiento, esa sería la mujer de su vida. Él llevaba esperando doce años a que sucediese la predicción de su progenitora. Llevaba doce años mirando el escaparate siempre, día tras día.

Para que esto pueda suceder, se necesita tener el corazón lleno de buenos deseos, que te rodee una gran aureola, que tus vibraciones sean siempre positivas y que intentes ser feliz haciendo felices a los demás. Silvie tenía todas esas cualidades y muchas más.

Así me lo contaron en Estambul y así se los cuento. Si alguna vez el destino te lleva a esa ciudad, detente en un escaparate donde predomine el color cobre y las piedras de colores y fija tu vista en el collar más hermoso porque puede ser que sea mágico. Pero mi deber es advertirles que el collar especial, el bendecido, el mágico, el eterno, ya tiene dueña.

La Milanesa no procede de Milán ?

21 septiembre, 2019 at 8:50

La milanesa no viene de Milán.

Así mismo lo escuché en un restaurante del norte de Tenerife. Almorzaba con un entrañable amigo y en la mesa de al lado se sucedía una discusión porque una señora le decía a su hija que “ la Milanesa no procedía de Milán” sino que era de una región italiana.

Yo, que a veces puedo hacer dos cosas a la vez, solo a veces, escuchaba a mi amigo que me hablaba de un viaje que haría próximamente y también atendía la conversación de la mesa de al lado: “a ver Mamá, no digas tonterías, pero como la Milanesa no va a proceder de Milán? Si viniese de Roma se llamaría “ Romana” y si su procedencia fuese de Bari se llamaría “ Barina”. La señora seguía erre que erre y ya la hija la dio por imposible. Pero en mi sembraron la gran duda, una enorme duda.

Le comenté a mi amigo la conversación de la mesa de al lado y me contestó que mejor le poníamos almogrote encima y decíamos que procedía de La Gomera. El no le dio importancia pero yo seguía con la gran duda.

Almorzamos y seguidamente nos tomamos el café en una terraza en el Sauzal. Yo seguía con la manía . Todas las milanesas que me he comido en mi vida pensando que procedían de Milán. Estaba deseando llegar a casa.

Desde que llegué a Candelaria, lo primero que hice fue buscar en wikipedia “MILANESA”. Y la sorpresa que me llevé fue mayúscula. La Milanesa no proceda de Milán. Inmediatamente mi pensamiento voló a la mesa del restaurante donde la señora se tuvo que callar para no seguir escuchando a la “adolescente” que a segundos subía el tono de la voz entre la altivez y la petulancia…. bueno, “ cosas de la adolescencia”.

Pues resulta que la Milanesa ha tenido mucha polémica sobre el país de origen y hasta han investigado su procedencia. Parece que si procede de la región de Lombardía pero no de Milan.

Sigo leyendo y me entero que los Austriacos aseguran que la Milanesa como tal procede de Viena y la llevaron los cocineros del ejército en las invasiones del imperio Austro-Húngaro al norte de Italia. Pero que la Milanesa es totalmente vienesa.

También me informo por otras fuentes multimedias aparte de wikipedia, que después de la Primera Guerra Mundial, los emigrantes Italianos y de Centro-Europa trasladaron este conocido plato a America y quien le dice ahora a los Argentinos que la Milanesa no es porteña?. Los argentinos aseguran que ese plato se creó en la pampa. Lo que si sale de Argentina es la “ Milanesa Napolitana” que fue inventada en el restaurante Nápoli frente al Luna Park en Buenos Aires, y esto está totalmente comprobado para decepción de los napolitanos.

Ya después vino una especie de anarquía culinaria con este bistec empanado y frito. Países como Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Mexico o Uruguay la consideran una comida típica de su recetario. Los napolitanos le pusieron salsa de tomate y queso gratinado para superar a los milaneses ( aunque ya dijimos que la inventaron los Argentinos) , llegaron los Sicilianos y la rellenaron con quesos de Palermo y albahaca, los Franceses le pusieron el nombre de “ Escalope” para ser más finos y distanciarse ( en esa época no había registro de marcas ni derechos de autor).

Ahí no quedó la cosa. Imagínense que en Japón, el mismo plato, totalmente idéntico lo llaman “ Tonkatsu” y los alemanes, también la adoptaron con el nombre de “ Wiener Schnitzel” y la comían en familia los domingos después de que finalizó la Segunda Guerra Mundial y aún hoy se mantiene la tradición.

En Venezuela le ponen dos huevos encima y la llaman “ Milanesa a Caballo”. En Chile le ponen cebollas fritas y en la Provenza le untan ajo y perejil y la rebozan con huevo.

Me sigue diciendo wikipedia y otras fuentes que hay tantas variantes de este plato que nos volveríamos locos. En Suiza se cocina con mucha pimienta, o también la hacen rellena.

Los investigadores dicen que nadie sabe cómo apareció este plato en Teziutlán (Mexico). !!!Vete a saber si ya lo cocinaban los aztecas.!!

Quizá de todas las variedades, me quedo con la Milanesa que hacen en la región colombiana Del Valle del Cauca. Puede ser de res, pollo o cerdo y la sirven con plátanos fritos, yuca frita, arroz blanco y bollitos de maíz. Eso es sencillamente una mezcla de culturas y un viaje de ida y vuelta. O un chute de hidratos de carbono.

Si alguna vez volviese a coincidir con estas dos personas, le diría a la adolescente que la madre tiene razón. Según Wikipedia y otras fuentes, La Milanesa no procede exactamente de Milán y es casi un patrimonio intangible de la humanidad.

Me dio hambre y me hubiese comido una milanesa, pero dada la hora, opté por un yogurt y alguna cosa más.

Pues eso……. a los que les guste la cocina……a por las milanesas este fin de semana.

Los perros de la ciudad”

16 septiembre, 2019 at 8:30

“ Los Perros de la Ciudad”

hace apenas unos días que regresé de la sorprendente y grata ciudad de Estambul donde tengo amigos entrañables. Con algunos me hablo prácticamente a diario por la cariñosa relación que ya, después de varios años y visitas de ida y vuelta hemos labrado.

Pero en este viaje, que casualmente no iba a comprar nada de nada, salvo algunas cosas que siempre adquieres, me fijé mucho más detenidamente en los “perros de la Ciudad”

Me cuenta mi amigo Osman, que tiene un restaurante por la zona de Sultanahmet, que los perros son parte vital de la vida de la ciudad, que sin ellos, Estambul no se podría llamar “ el cuerno de oro”. Una ciudad con más de 15 millones de habitantes tiene alrededor de ciento cincuenta mil perros censados que viven en libertad y en total Armonía con los estambuliotas que habitan esta singular metrópoli.

Me puse a observar. Ser observador de ciudad es una cualidad que creo tener. Los perros son altivos y tan inteligentes que respetan los semáforos, pasos de peatones, saben perfectamente cual es su lugar, jamas molestan a las personas que pueden estar tranquilamente descansando en alguna terraza, o comiendo. Nunca un perro se te acercará a intentar pedirte un bocado. ( no lo necesitan).

Y porque sucede esto? Porque los dueños de los restaurantes y vecinos de todas las zonas “ los toman como algo de ellos” y se encargan de alimentarlos, vigilarlos, asearlos, llevarlos al veterinario si lo necesitan, aunque ellos son libres y están en la calle. El Ayuntamiento de la Ciudad de Estambul y el propio gobierno del país se encargan de registrarlos, vacunarlos, esterilizarlos y geolocalizarlos invirtiendo millones de euros para tal fin.

Osman me siguió contando que no siempre fue así, y que a principios del siglo pasado, un sultán mandó a deportar y confinar a todos los perros a una isla cercana a Estambul y localizada en el mar de Mármara. Fueron tales las protestas, que el Gobernador de la Ciudad tuvo que reponerlos en el paisaje urbano después de que los alimentase en la isla para no dar mala imagen. En esa deportación forzosa murieron miles de perros. Supongo que ya el sultán había sido destronado. ( buscaré esta historia en Internet)

Para los habitantes de Estambul, maltratar a un perro es una auténtica atrocidad. Jamás nadie lo hace y a los visitantes de otros países musulmanes donde consideran al perro un animal impuro, les advierten que no pueden increpar a un can en la Ciudad porque, incluso, podrían terminar en comisaría.

Osman me cuenta que una vez llegaron a su restaurante unos turistas de Qatar, y cuando uno de ellos le pidió que quitara de su vista a un perro que estaba descansando en la calle, Osman le contestó que mejor se fueran ellos del alcance de sus ojos. Se trataba de “ Liza” una perra que estaba siendo tratada de algunos tumores. Los millonarios de ese pequeño país árabe abandonaron el restaurante absolutamente impávidos. – se tuvieron que ir- me cuenta Osman entre risas.

En los inviernos (en Estambul suelen haber olas de frío intensas) las personas y empresarios se encargan de darles cobijo, proporcionarles mantas, ofrecerles comida caliente. Existen fotos en internet ( sobre todo sacadas por turistas) donde se ven los perros durmiendo dentro de los escaparates y enroscados a los pies de los maniquíes porque han abierto centros comerciales y locales de ropa multimarcas para protegerlos del frío.

Han puesto en funcionamiento máquinas que cuando reciclan plástico, salen inmediatamente raciones de comida para perros y gatos. El gobierno las está impulsando.

Vi en este viaje a un perro que se subió en la estación de Aksaray y se bajó en Gülhane, adentrándose en el parque que tiene el mismo nombre de esta parada. Yo no daba crédito a lo que estaba observando . La gente normalizaba esta situación totalmente. Cuando se lo conté a Murat ( un empleado de Osman) me contestó que seguramente había ido al parque a “ enamorar” y lanzó una carcajada. Después me contó que lo hacían frecuentemente y que se veía normal.

Murat me señaló a una perra que estaba en el pasaje de los restaurantes y me dijo que le encantaba acompañar a los turistas ( sobre todo japoneses) a las excursiones por la zona y que al final del recorrido, el guía le daba galletas.

Si esto sucede en una ciudad de más de quince millones de habitantes, en pequeñas ciudades podría ser una experiencia de convivencia y respeto total.

Pues si esto es con los perros, imagínense con los gatos que son los auténticos “ reyes y reinas” de la Ciudad desde épocas otomanas y bizantinas viviendo mimados entre harenes y palacios. Quizá otro día hablaremos de los gatos porque son un “capítulo aparte” en Estambul.

Me llegó el recuerdo de “fortuna”, una perra cazadora que tuvimos hace muchos años en Vallehermoso y que fue totalmente libre. Mi padre decía que solo le faltaba hablar. Cosas de la vida, Fortuna murió en un accidente atropellada por el coche del medico del pueblo que nada pudo hacer.

PUERTA B58 embarcando ¡¡¡

9 septiembre, 2019 at 6:23

Hoy deseo contar para ustedes las historias y pensamientos que surgen en los aeropuertos del mundo y el mágico influjo que suele producirnos la mezcla de culturas y de nacionalidades y, que sin duda alguna, hace que nos volvamos más ricos en vivencias.

Cuando estoy esperando en un aeropuerto no me resisto a imaginar historias de las personas que lo transitan, No puedo evitarlo. Me las imagino y visualizo sus vivencias de tal manera que casi convierto en mi pensamiento lo irreal en real.

Hace unos días tuve que transitar por un importante aeropuerto y como llegué con suficiente tiempo, me senté y me detuve a observar el desfile de personas, camino al embarque, o sentadas esperando pacientemente en las puertas de salida.

Primero observé a la pareja que viaja después de unas intensas vacaciones y que van absortos en sus pensamientos, cómodos de equipaje y con la nostalgia de los días que vivieron y que ahora deben volver a enfrentarse a la realidad. Casi ni se miran, casi ni se tocan. Ambos están poniéndose al día con sus iPhones y gestualizan sutilmente según el mensaje. Ella le enseña fotos de la niña que quedó con sus abuelos y que en horas la abrazarán. Yo creo que deberían probar a viajar en vacaciones cada uno por su cuenta alguna vez. Se extrañarían más…. o no.

Después observé a la señora que está sentada frente a mi con cara agotada y bebiendo una bebida isotonica. Me la imagino viniendo de un viaje muy largo y que todavía debe tomar dos aviones hasta llegar a su destino. Eso a veces pasa en nuestras islas que, para dar por finalizado el viaje, tenemos que tomar muchas veces tres o cuatro aviones. Algún día nos convertiremos en plataforma aeroportuaria tricontinental. La idea ya la tenía Adan Martin que era un visionario de la conectividad. Ahora la lucha es con Ryanair y con las compañías que no les sale rentable viajar a Canarias. Nuestras islas, para seguir creciendo de manera sostenible en nuestro desarrollo económico, deben tener una conectividad óptima. Debemos estar comunicados con nuestros países vecinos por cielo y mar. Ahí se están sucediendo acontecimientos muy importantes en lo económico y en lo social y que deberíamos aprovechar. Queda un trabajo inmenso por hacer.

También esperaba un joven treintañero con gafas de pasta, camisa a rayas, pantalón levis y zapatos mocasines. Era un joven moderno con actitud empresarial y aventurero que quiere emprender mucho más allá de su tierra y tiene cientos de ideas pero debe convertirlas en modelo productivo. Habló por teléfono al lado mío y explicaba una plataforma de geolocalización que te lleva los pedidos a casa en tiempo récord. Yo escuché toda la conversación y la aplicación no me aportaba nada nuevo por lo que mi pensamiento me llevó a otra persona que estaba en el terminal dejando al emprendedor en su afanada conversación en tono efusivo y queriendo convencer a su interlocutor. Y es que no podemos hablar de auténtico emprendimiento en nuestra tierra si la conectividad no es nuestra aliada.

Observo con detenimiento y sin que se dé cuenta al emigrante de mi izquierda. Él también es emprendedor pero sin cursos formativos. Es un emprendedor por necesidad, es una persona que lleva los pensamientos de su tierra, la terrible nostalgia de dejar a los suyos y desear volver cuanto antes. ¡ cuanto año ha hecho el chavismo en Venezuela con el mas terrible éxodo de la historia moderna en América ¡¡ . Mira hacia un punto indefinido y aprieta su equipaje de mano donde, seguramente, lleva recuerdos de sus seres queridos. Imagina su oportunidad y con mucho sacrificio vendrá después la reunificación familiar porque “ no importa donde se nace, importa donde se lucha”. Nuestra historia jamás estará totalmente escrita sin los capítulos dedicados a la emigración.

Un poco mas allá, en la segunda fila frente a mi, dos señoras mayores dialogan afablemente. Desconozco si se conocieron en la sala de espera de la puerta B68 y si así hubiese sido, parece que se conocieran de toda la vida. A veces, sus risas, son en centro de atención de las personas más cercanas a ellas en la sala de la T1. Los viajes de turismo social ha hecho muy felices a mucha gente mayor que ahora, en su merecido descanso, bailan en hoteles de las costas de España y se dan “ caprichos” en las cenas, aunque después tengan que tomar doble ración de diamben que es la pastilla que controla el azúcar. Me encanta que bailen, rían, que sean ellos, que hagan amistades, que jueguen al bingo, que paseen, que hagan excursiones culturales y cuenten sus recuerdos. Ellos son mis preferidos en la cola.

Sigo analizando y la mayoría de las caras son serias y circunspectas. Hay excepciones , entre ellas está la de las dos señoras que charlan amigablemente, y bien podrían estar hablando de recetas de cocina o de la recomendación de una crema hidratante milagrosa. Las señoras son un oasis de felicidad en medio de mucha “cara larga” . Una de las señoras se da cuenta que la observo y me sonríe.

Algunos manejan el Ipad y casi todos miran al suelo. Es una mirada dirigida a su IPhone o su androix. Miran y agotan el tiempo con sus dispositivos móviles hasta que llaman a embarcar como si al aterrizar hubiese desaparecido el instagram.

Incluso cuando tienen que poner sus teléfonos en “ modo avión” las caras son de auténtica resignación . Se despegan del teléfono con cierta tristeza como si nunca más fuesen a utilizarlo. Lo miran y lo guardan. A mí también me pasa.

La Fashion no puede faltar en la puerta D68. No estaría completa la sala. Ella lleva un tacón Nina West, pantalón ceñido, cinturón maravilloso de Chanel haciendo juego con los zapatos, blusa naranja estampada de flores marca” MissSixty” y unas gafas oscuras que le tapan casi toda la cara. Por supuesto su único accesorio para subirse al avión es un bolso fantástico de imitación que en ella parece auténtico y su iPad con la carcasa de Gucci. Ella No llega al extremo de viajar con la mascota como Paris Hilton, por ejemplo, pero se le nota a leguas que es una Fashion con el bolso incluido. Eso se nota. Ella intenta ser discreta, parece natural, la imagino segura, se percibe distante y con extensiones rubias en su cabello que no deja de mover.

Llaman definitivamente al embarque . La cola la ocupan siempre los más apurados que son mis amigos del Inserso, ellos son los que más prisa tienen ( ahora como el embarque es por grupos se desesperan un poco ) . Esta vez vienen de Mallorca porque las ensaimadas bien empaquetadas los delatan.

Después estamos los de un término medio y finalmente están las personas que disfrutan de las tiendas del aeropuerto como si del mayor centro comercial se tratara y, por lo general, son los últimos en embarcar.

Los que viajamos solos, siempre, en la cola, hacemos cábalas de quien nos puede tocar al lado en el asiento , y por supuesto, nunca acertamos. La casualidad hizo que esta vez si acertase . Me tocó al lado una de las dos señoras, por lo que desprendí que se conocieron en ese momento en la sala de embarque y que no viajaban juntas. Me conoció ( por eso me sonrió anteriormente) y me quiso sacar el tema de las pasadas elecciones y los resultados posteriores pero yo, muy sutilmente, le cambié de tema y terminamos hablando de las ensaimadas y la diabetes.

Así paso a veces las horas de espera en el aeropuerto. Me vuelvo observador de la terminal. Me alimento de historias que imagino y que, algunas, podrían ser verdad.

Definitivamente, muchas veces nuestra vida se convierte en una ”sala de espera” donde nos imaginamos episodios que unos se hacen realidad y la mayoría solo quedan en nuestra imaginación.