Los cambios.

11 septiembre, 2013 at 6:43

Mi reflexión de hoy.
Queridos amigos y amigas. Cuando en la vida aparecen cambios nos entra un desasosiego que es normal. Nos entra un nerviosismo y muchas veces nos podemos sentir hasta perdidos por el temor que encierra un cambio en si.
La rutina muchísimas veces nos vuelve cómodos, poco creativos y hasta sedentarios porque tenemos recelo a lo que nos pueda traer un cambio en nuestras vidas. Yo he sufrido muchísimos cambios en el ámbito laboral, en la vida diaria, y debo decir que los cambios siempre me han traído debajo del brazo un gran abanico de posibilidades para crecer como persona.
Yo creo que los cambios en la vida también te ayudan a madurar sin duda alguna. He leído en algún artículo que los cambios » tienen la capacidad de sacudir los falsos fundamentos y marcar un nuevo comienzo. Y si te sientes vivo, nada mejor que comenzar algo nuevo siempre.
Es evidente que todo principio es difícil. Desde cuando nacemos lo estamos experimentando. Desde que salimos de ese estado de confort de nueve meses de gestación y nos enfrentamos a la vida, estamos en un continuo cambio. Cambios físicos, espirituales, geográficos.
El mayor cambio que yo sufrí en mi vida fue cuando emigré a Venezuela. Imagínense el choque que pudo significar para mi salir de un colegio interno ( el seminario de La Laguna) para llegar a una ciudad como Caracas. Recuerdo que sin conocer la ciudad, sin teléfonos móviles, sin GPS, sin ningún artilugio y con sólo una explicación llegué a la bomba ( gasolinera) del Peñón en Baruta para ver a mi Tia Marcela, que estaba en el otro extremo de la ciudad. Y así sucesivamente. Este cambio en mi vida lo recuerdo con cierto » vértigo».
Los cambios nos llevan a perfeccionar nuestras vidas. Las personas que propugnan los cambios sin ningún tipo de trauma suelen ser felices, desprendidas, visionarias.
Analicemos todos los cambios que hemos tenido que realizar en nuestra vida y también reflexionemos sobre lo bueno que estos cambios nos han traído. Cambios que a veces los hacemos acompañados en el camino y que nos retroalimentamos para conseguir los objetivos que conlleva el cambio y poder alcanzar un estado de tranquilidad espiritual.
Los cambios en la vida también sirven para ajustarnos y para desterrar situaciones que ya están obsoletas y que a veces no nos damos cuenta, pero como siempre han estado ahí, ya nos acostumbramos a ellas y muchísimas veces no nos dejan avanzar.
En los cambios debemos dejar muchas cosas por el camino, descubrir muchas nuevas y guardar las experiencias que hemos adquirido con los cambios para que, incluso, las podamos esgrimir como oportunidades y fortalezas en nuestras vidas.
Apreciemos lo que tenemos, no le tengamos miedo a los cambios. En estos días, en el mes de agosto y principios de septiembre, muchísimos amigos y amigas mías están envueltos en cambios. Por poner algunos ejemplos: en el Cabildo de Tenerife, mi amigo Vitolo que se va de Grecia a Turquía, mi hermano que se está ubicando en Miami, otro amigo mío que ha roto con su pareja, otro amigo que inició un pequeño negocio, mi hermana que ha sido trasladada desde Baeza a Santa Cruz de La Palma, llamadas de teléfono de personas contándome sus nuevos proyectos que en definitiva no son otra cosa sino cambios, continuos cambios.
Cambiar a veces es emprender, cambiar siempre debe traernos cosas positivas y sobre todo, a veces también tenemos que estar abiertos a cambiar pensamientos y actitudes para que el cambio sea real.
Siempre recuerdo una campaña electoral, creo que fue en Argentina, donde el Slogan de la misma en enormes carteles decía lo siguiente » te mereces un cambio».
En los cambios creo que debemos quedarnos con la experiencia y la sabiduría pasada y que nos han aportado personas de gran empuje y de gran corazón. Es un valor del que no nos podemos desprender jamás. La experiencia que nos dejan las personas que propugnan cambios, son de una gran sabiduría, de bondad y de absoluta entrega. Si queremos correr debemos quedarnos con la experiencia de cuando aprendimos a caminar. Si a eso le sumamos la ilusión, las ganas la fuerza y la vitalidad del cambio, creo que todo será más fácil.
Feliz miércoles amigos y amigas.

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Atrás queda agosto.

10 septiembre, 2013 at 6:44

Mi reflexión de hoy. Queridos amigos y amigas. Después de una pausa para que ustedes descansaran de mi, ya he vuelto con mis reflexiones que serán casi diarias y que intentaré comunicarme con ustedes de manera franca, sencilla, unas veces ocurrente, otras veces la comunicación será más seria pero siempre intentaré comunicarme.
Muchos tuvimos la suerte de tomarnos unos días de descanso, de ordenar las ideas, de mirarlo todo con » cierta equidistancia» de analizar, de extrañar a personas, incluso, de saber quienes están a tu lado sinceramente. La distancia a veces ordena tu mente y es bueno poder encontrarte contigo mismo para seguir avanzando en la vida.
En estos días he podido pensar mucho. A veces escuchando el ruido del mar, otras veces entre el bullicio de la ciudad, otras veces en medio de una carretera que conduce a un lugar desconocido y que, como son distancias a las que no estamos acostumbrados, te da tiempo de pensar, y de pensar mucho.
Pensar en los que te rodean, pensar en que tienes que corregir, pensar en los proyectos que debes impulsar, pensar en ti también.
Las vacaciones también sirven para aprovechar el tiempo que a veces no tienes para hacer cosas que estaban pendientes. Yo en mi caso, terminé varios libros que tenía a medio leer y a veces quise tener esa sensación de » no hacer nada» de detener unas horas el mundo y zambullirte en tus pensamientos y en una historia inventada con un final inmensamente feliz.
El encuentro con tu familia que tenías tiempo sin ver te hace también feliz. Ver a los tuyos como han crecido, como van definiendo las personalidades, como te puedes sentir profundamente feliz de ver a tus sobrinos, por ejemplo, que viven al otro lado del Atlántico, como se están haciendo adultos, como viven de manera intensa, como quieren degustar hasta el último minuto del día. Eso me hizo totalmente feliz.
Y vuelves a la tarea diaria. A los proyectos de todos los días, a la vida que en definitiva te toca vivir, al reencuentro, a la lucha diaria, al quehacer, a los problemas con soluciones, ( todos los problemas deberían tener una solución) a añorar a los que dejaste atrás, a esperar volver a verlos, a soñar, a vivir, a caminar hacia delante.
Y llega septiembre, ese mes que siempre me ha parecido mágico. Septiembre es un mes que huele a vendimia, a comienzos, a milla cero, a inicio, a sueños. Septiembre es un mes que siempre me ha parecido sublime. También es cierto que en el mes de septiembre cambió el mundo después del tristemente atentado a las Torres Gemelas de Nueva York. Todo cambió en septiembre. Tristemente cambió.
Y la vida se va rápido. Ya estamos leyendo los periódicos que nos hablan del carnaval, que nos hablan de fechas que están por llegar y que llegarán más rápido que tarde.
Por eso debemos vivir intensamente cada momento, vivir desde el respeto, desde la tolerancia, desde el amor, desde la humildad, desde la generosidad. En definitiva: vivir.
Y aquí me tienen, amigos y amigas, como siempre, compartiendo con todos ustedes mis reflexiones casi diarias y mis momentos con vosotros que disfruto intensamente. Aquí me tienen, intentando vivir siempre.
Y septiembre sigue su curso.
Un enorme abrazo a todos y a todas.

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Lo que extraño.

9 septiembre, 2013 at 6:37

Mi reflexión de hoy.
Queridos amigos y amigas.
Lo vi nacer. Él llegó el mismo día de reyes en Caracas. Ya supe que era un regalo poder nacer un día de reyes y llenar la casa de olor a pañales, a talco, a colonia de bebé, a miradas hacia la cuna, a colores azul pálido que dicen que nació un varón, a adornos de que se movían encima de la cuna, a sonrisas paternas y maternas, a carreras por las escaleras para que sus hermanos llegaran a la cuna después de llegar de clases.
Lo vi crecer de año en año, justo cuando venían de vacaciones a Tenerife, lo vi sonreír, reír, enfadarse y reírnos con sus ocurrencias.
De repente lo vi ahora transformado. Con un vocabulario casi adulto y dominando todos los aparatos de multimedia que le ponen en sus manos. Cinco años y sabe manejar un iPad mejor que yo, sabe bajar juegos con la advertencia que sólo puede bajar los que son » gratis». ¿ cómo es posible que los niños con cinco años dominen las nuevas tecnologías de una manera que jamás yo podré hacerlo? A veces te produce hasta una envidia sana.
El, como tiene un hermano de quince años y otro de diecisiete, es un afortunado. Está a caballo entre los juegos infantiles y las aficiones deportivas de los hermanos. Vive intensamente un cuento de Disney y el fútbol que le gusta a los mayores, vive intensamente a Caperucita Roja con la misma intensidad que al luchador » Ray Misterio» ya que a su hermano mayor le gusta la lucha libre americana.
Habla, reflexiona, piensa, quiere intensamente, te busca, te observa, te sonríe, » te quiere hasta el infinito» como dice él.
Es mi sobrino que me ha cautivado, que me hace añorar, que me hace tener nostalgias, que me hace contar los días para volverlo a ver, que me hace a veces sentir que las distancias son ingratas porque te pierdes lo mejor de los tuyos. Los extraño a todos, pero especialmente a » Carlitos».
Ahora me queda comunicarme con ellos por las redes sociales, que me cuenten, que me hablen de todo, que me digan cual ha sido la última travesura de Carlitos, que me cuenten como va el colegio, que compartan sus inquietudes y deseos.
Cuando tienes tu familia repartida, lejos, parece que te faltara algo.
Las nuevas tecnologías mitigan la distancia. Pero jamás se ha inventado ni se inventará un emoticono que sustituya a un abrazo a un beso, a un sonrisa, a una caricia y a un » te quiero hasta el infinito» dicho en vivo y en directo.
Feliz día amigos y amigas.

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Sala de Espera 16D.

6 septiembre, 2013 at 5:06

Queridos amigos y amigas.
Una vez reflexioné sobre los aeropuertos y el mágico influjo que producen en mi. Cuando llego a un aeropuerto siempre empiezo a vivir historias imaginarias de las personas que lo transitan. No puedo evitarlo. Me las imagino y visualizo sus vivencias que para mi llegan a ser reales.
En estos días, tuve que usar un importante aeropuerto y me senté a ver desfilar las personas rumbo a sus puertas de embarque. Yo llegué con tiempo de antelación para poder convertirme en observador del terminal.
Primero observé a la pareja que viaja después de unas vacaciones y que van absortos en sus pensamientos, cómodos de equipaje y con la nostalgia de los días que vivieron y que no les toca más remedio que volver a enfrentarse a la realidad. Casi ni se miran, casi ni se tocan.
Después observe a la señora que dormita frente a mi con cara agotada y bebiendo una bebida isotonica. Me la imagino viniendo de un viaje muy largo y que todavía le faltan por tomar dos aviones hasta llegar a su destino.
También esperaba un joven treintañero con gafas de pasta, camisa a rayas y zapatos mocasines. Ese joven moderno/clásico y aventurero que quiere emprender mucho más allá de su tierra. Habló por teléfono al lado mío con acento español de lo más castizo. También podría ser que estuviese estudiando un Master en una importante universidad.
Observo con detenimiento y sin que se de cuenta al emigrante de mi izquierda. Él también es emprendedor pero sin cursos formativos. Es un emprendedor por necesidad, es una persona que lleva los pensamientos de su tierra, los pensamientos de dejar a los suyos y de desear volver cuanto antes. Mira hacia un punto indefinido y aprieta su equipaje de mano donde, seguramente, lleva recuerdos de sus seres queridos.
Un poco mas allá, en la segunda fila frente a mi, dos señoras mayores dialogan afablemente. Desconozco si se conocieron en la sala de espera de la puerta 16 pero parece que se conocieran de toda la vida. A veces, sus risas, son en centro de atención de las personas más cercanas en esta sala de espera.
Analizo y casi todas las caras son serias y circunspectas. Menos la de las dos señoras que charlan amigablemente, que bien podría ser de recetas de cocina o de el próximo día de Acción de Gracias. Las señoras son un oasis se felicidad en medio de tanta » cara circunspecta».
Algunos manejan Ipad y casi todos miran hacia el suelo. Y no es precisamente hacia el suelo, es una mirada dirigida a su IPhone o su androix. Miran y agotan el tiempo hasta que llaman el vuelo. Se despegan del teléfono con cierta tristeza como si nunca más fuesen a utilizarlo. Lo miran y lo guardan.
La Fashion no puede faltar en la sala de espera de la puerta D16. No estaría completa la sala. Ella lleva un tacón Nina West, pantalón ceñido, cinturón maravilloso haciendo juego, blusa naranja marca » abercombrie» y unas gafas oscuras que le tapan casi toda la cara. Por supuesto su único accesorio para subirse al avión es un Mega bolso fantástico y su iPad. No llega al extremo de viajar con la mascota pero se nota a leguas que es una Fashion auténtica. Eso se nota. No hay nada peor que una pseudo-fashion. Al final, con tal de llamar la atención, son capaces de derramar el bolso por el suelo o de montar algún número en la puerta de embarque. Desde luego, la joven no pasa desapercibida en medio de la sala. Es discreta, natural, segura, distante.
Llaman al vuelo. Salen primero los apurados, los que tienen prisa ( nunca lo he entendido) , después estamos los de un término medio y finalmente están las personas que disfrutan de las tiendas del aeropuerto como si fuese un centro comercial y que son los últimos en embarcar.
Los que viajamos solos, siempre, en la cola, hacemos cábalas de quien nos puede tocar al lado en el vuelo y, por supuesto, nunca acertamos. Mira por donde, esta vez si acerté. Me tocó al lado una de las dos señoras, por lo que desprendí que se conocieron en ese momento en la sala de embarque.
Así paso a veces las horas de espera en el aeropuerto. Me vuelvo observador de terminal. Me alimento de historias que imagino y que, algunas, podrían ser verdad.
Definitivamente, muchas veces nuestra vida se convierte en una » sala de espera» donde nos imaginamos historias que unas se hacen realidad y la mayoría solo quedan en nuestra imaginación.
Un saludo amigos y amigas. Feliz viernes y que seamos felices en nuestras » particulares» salas de espera.

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