“El servicio público”.
Servir es un privilegio

“El que no vive para servir, no sirve para vivir.”
— Madre Teresa de Calcuta
Hay frases que uno escucha muchas veces a lo largo de su vida, pero que solo cobran sentido cuando se viven de verdad. Esta es una de ellas.
Después de muchos años en lo público, puedo decir que el servicio no es solo una responsabilidad que se asume; es una forma de caminar por la vida. Con el tiempo entiendes que no se trata solo de gestionar, decidir o firmar. Se trata de estar al servicio de los demás con honestidad, con respeto y con conciencia.
En estos años he conocido a muchísima gente. Personas de todo tipo, con historias muy distintas, con preocupaciones grandes y pequeñas, con ilusiones, con dificultades, con esperanza. Cada encuentro me ha enseñado algo. La vida pasa también por una mesa de atención, por una reunión, por una conversación en la que alguien deposita su confianza.
Recuerdo un día que me marcó especialmente. Una jornada intensa, de esas en las que el reloj parece ir más rápido que uno mismo. Atendí a una persona mayor que venía angustiada por un trámite que no entendía. No necesitaba grandes soluciones, necesitaba tiempo y explicación. Me senté, escuché, aclaramos todo con calma. Al despedirse me dijo: “Gracias por tratarme como persona”.
Esa frase se me quedó grabada.
Porque eso es, en el fondo, el servicio público: no olvidar nunca que detrás de cada expediente hay una historia. Que detrás de cada decisión hay consecuencias reales. Que lo que gestionamos no es nuestro. Es de todos.
Y esa idea te coloca en tu sitio.
Gestionar lo que es de todos exige responsabilidad, pero sobre todo humildad. Humildad diaria. Humildad para recordar que estamos de paso. Humildad para escuchar más de lo que hablamos. Humildad para reconocer errores cuando los hay. Humildad para saber que el cargo nunca es más importante que las personas.
También he tenido la suerte de compartir camino con compañeros y compañeras extraordinarios. Personas que trabajan sin buscar reconocimiento, que sostienen lo público con esfuerzo silencioso y vocación sincera. De ellos también he aprendido muchísimo.
Si miro atrás, siento gratitud. Gratitud por la confianza que la sociedad deposita. Gratitud por las personas que he conocido en este recorrido. Gratitud por todo lo que la vida en lo público me ha enseñado.
Servir es un privilegio. Y después de todos estos años, si algo tengo claro, es que el centro de todo siguen siendo las personas. Siempre.




